Por Juan Antonio Montes Varas Director Acción Familia

Si Ud. que nos oye es padre o madre de familia, ciertamente no pensará que pueda ser identificado con la palabra “Mapadre”.

Más bien sería lo contrario, “mapadre” como “pamadre” no identifica a ninguno de los progenitores, por lo tanto, es un neologismo errado.

Sin embargo, la semana pasada, la Ministra de Salud, María Begoña Yarza utilizó el término para referirse a los padres de familia, para englobar a madres y padres durante el anuncio del adelanto de las vacaciones escolares de invierno, lo que derivó en una ola de defensores y detractores.

El neologismo fue tachado como una “tontería” por la diputada María Luisa Cordero, de la Comisión de salud, quien le reprochó a la Ministra por preocuparse de ocupar estos neologismos, cuando existen asuntos de primera importancia que solucionar y que ella no se ocupa debidamente. “MAPADRES ¿En serio ministra? Ministra Begoña Yarza en vez de preocuparse de tonteras le comento que aún la esperamos en la comisión de salud de la cámara”.

La observación puede parecer justa, una vez que no le corresponde a una autoridad pública expresarse con términos ambiguos, que no son de uso común, en un tema que interesa a toda la familia, como es el de las vacaciones adelantadas.

Sin embargo, las cosas no son tan simples como parecen.

Las palabras son instrumentos de expresión de ideas y en cuanto tales, son de primera importancia. La palabra es a la idea, lo que la ropa a la persona.

Las feministas, por ejemplo, utilizan el verde o el morado en sus indumentarias para enviar un mensaje: “aprobar el aborto en toda su extensión y empoderar a la mujer”. Las antiabortistas usan el pañuelo celeste que indica la defensa del que está por nacer.

La misma relación se da en las palabras para “vestir “o “desvestir” las ideas.

Las feministas que usan el color verde en sus ropas, utilizan el lenguaje feminista en su vocabulario. Así, la ministra en comento, utilizó la palabra “mapadre” para deconstruir la idea del padre de familia.

Es lo que afirma Abelardo San Martín, profesor del Departamento de Lingüística de la Universidad de Chile y miembro de la Academia Chilena de la Lengua. En este caso, asevera San Martín, la palabra ‘padre’ está muy marcada con el varón y no hay hoy en día una solución satisfactoria para reemplazarla. “El concepto de ‘padre’ es el resabio de una sociedad machista anterior, porque quien tenía antes más poder era el hombre. Por eso estos grupos adoptan un lenguaje nuevo que sea más representativo”.

Así las cosas, hablar de “padre” sería machista y por lo tanto no debe usarse. Tampoco la palabra “madre” porque ella le asigna un rol estereotipado a la mujer, que es el de ser madre.

Entonces, de acuerdo a esta concepción deconstructiva de la familia, la palabra exacta sería “mapadre”.

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¿Por qué no usar las palabras consagradas y claras como, progenitores, apoderados, padres de familia, etc?

Para la Ministra, esas palabras no se deben usar porque ellas darían la idea de una jerarquía. Los progenitores, los apoderados o padres de familia serían aquellos que deciden de la suerte de sus hijos, y en cuanto tales, serían superiores. Y, como para estas radicales del feminismo, en todo debe haber igualdad total, la palabra “mapadre” sería un concepto igualitario en la relación tanto entre ambos progenitores, cuanto en la relación de éstos con sus hijos.

Como se ve, lejos de ser una “tonteria” como la calificó la diputada Cordero constituye un imperativo ideológico que se impone en todo el aparato del Estado con el fin de cambiar las relaciones familiares y, en definitiva, deconstruir el concepto cristiano de familia.

Cuando el niño, que no está contaminado con esta ideología, comienza a hablar, lo primero que él dice es papá y mamá, y ambos padres quedan encantados al ser reconocidos como tales por su hijo.

Imagínese el absurdo que sería si un hijo al ver a sus padres, les dijese “mapadre”, era para llevarlo a un profesional de salud mental precoz. O un padre que corrigiese a su hijo al oírlo decir papá o mamá. Sería aún peor aún, pues él producirá una confusión profunda en la psiquis de esa pequeña criatura que comienza a discernir las diferencias entre sus progenitores.

Cuando la Ministra omitió de referirse a los padres de familia como tales y utilizó ese vocablo “mapadre”, lo que en el fondo estaba haciendo con la sociedad en su conjunto, fue semejante a la actitud de los padres de familia que corrigiesen a su hijo a la hora de llamarlos papá o mamá.

Ella confundió consiénteme a la población en uno de los pilares de la sociedad: el de ser padre y madre.

No crea nuestro radioyente que estamos haciendo una tormenta en un vaso de agua, y que este exabrupto no pasaría del descriterio de una Ministra feminista.

Al contrario, la Sra. Yarza, no es la única ministra del actual gobierno que ha acuñado el término. Hace menos de dos semanas, de hecho, Camila Vallejo, ministra secretaria general de gobierno, hizo lo propio en sus redes sociales al subir una foto contando que la habían visitado sus “mapadres”.

Incluso, algunas instituciones también ya lo han utilizado, como la Universidad Alberto Hurtado de los jesuitas, que hace un tiempo creó un proyecto de evaluación educativa titulado “Mapadres”.

La página web de esta Universidad informa que: “MAPADRES ha sido implementado gracias al esfuerzo de las estudiantes y el apoyo permanente del Comité Curricular y cuerpo docente de la carrera de Educación Básica y FUNDAMOR, fundación que ha abierto sus puertas para poder implementar este trabajo”.

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La misma Universidad ejemplifica este movimiento comentando la página web de uno de sus exalumnos, llamada “ilusión viril”, en donde se trata de demostrar que la virilidad en los hombres no sería sino un mito o una ilusión, y lo que se debería buscar sería la identidad de género, entre hombres y mujeres. De acuerdo a la información de la Universidad Alberto Hurtado, Pedro Uribe, director ejecutivo de Fundación Ilusión Viril se formula una pregunta “¿qué es ser hombre hoy?” y responde que la pregunta “No puede ser respondida”.

Quizá un lector nos objeto que no hay nada de malo en usar estos neologismos, como son ‘elles’ en vez de ‘ellos’ o ‘todes’ en vez de ‘todos’ o “mapadres” en vez de padres y madres. Que, al contrario, ese lenguaje sería “inclusivo” y por lo tanto más en la onda que vivimos.

Afirmamos precisamente lo contrario. Lejos de ser un lenguaje “inclusivo” es un lenguaje “exclusivista”, en el más estricto sentido de la palabra. Es decir, es excluir del panorama todo aquello que se refiera a lo masculino, exaltando exclusivamente aquello que es femenino o feminista.

Ahora, las palabras expresan la costumbre y cuando sacamos una palabra del vocabulario estamos escondiendo una costumbre.

¿Quién habla hoy de virtudes morales, de jerarquía, de limpieza, de belleza, de bondad moral, de respeto, de autoridad, de pudor, de decencia, de buena presentación, de decoro, de cortesía y de tantas otras que se refieren a una sociedad que busca ser tan parecida al cielo, cuanto se pueda ser en la tierra?

Junto con desaparecer esas palabras desaparecieron esas costumbres a las cuales se referían y con ello se perdieron tanto los conceptos, como las buenas costumbres a las cuales aludían.

Cuando afirmamos en nuestro himno nacional, que somos la copia feliz del Edén, nos estamos refiriendo al Paraíso Terrenal, donde, según el relato bíblico del libro de Génesis, se encontraba el lugar donde había puesto Dios al hombre después de haberlo creado a partir del barro. “Y Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso ahí al hombre que había formado”.

Quien se imagine el Edén, obviamente que se crea la idea de algo limpísimo, extraordinariamente bello, donde todos se traten con la máxima cortesía y educación. En una palabra, lo contrario de lo vulgar, sucio y feo que hoy contamina nuestro vocabulario y los muros nuestras ciudades.

Luego, si queremos ser verdaderamente una copia feliz del Edén, no podemos comenzar por excluir al primero de sus habitantes, es decir al hombre, que fue Adán.

Como se ve, el uso y la exclusión de ciertas palabras esconden un profundo sentido ideológico, por eso nos alegramos que la utilización de este errado neologismo por parte de la ministra de Salud hay producido escándalo en muchos padres de familia.

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