Por Juan Antonio Montes Varas Director Acción Familia

Hace algunas semanas atrás volvíamos a oír los coros angélicos cantando: “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

Tres semanas después de celebrar la Navidad, vemos una iglesia más quemada en el Sur del País, en la región de la Araucanía.

La madrugada del 10 de enero se quemó por completo la parroquia San Sebastián de Curarrehue, Diócesis de Villarrica, sur de Chile.

El siniestro se registró cerca de la 1:30 a.m. y aún se desconoce su causa, pero cercanos vieron a una persona circulando cerca del templo poco antes de que comenzara la quema. El sacerdote a cargo de la Parroquia descartó que fuese producto de una vela encendida. La última Misa había sido celebrada al medio día y todas las velas apagadas.

Los bomberos trabajaron durante varias horas para detener el siniestro y evitar que se propagase a tres colegios cercanos.

La iglesia de San Sebastián de Curarrehue fue construida en 1953 por Mons. Francisco Valdés Subercaseaux, Obispo que realizó una incansable labor de evangelización en la zona sur y fue promotor de la paz que evitó la guerra por el Canal Beagle entre Chile y Argentina en los años 80.

El Obispo de la diócesis afectada por el incendio, Monseñor Francisco Javier Stegmeier, envió un mensaje a los fieles en donde señala: “A todos nos ha impactado la noticia del incendio del emblemático templo parroquial de Curarrehue, dedicado al mártir San Sebastián.

“Causa dolor e impotencia contemplar cómo en pocos minutos queda reducido a cenizas el esfuerzo de una comunidad cristiana que con fe, esperanza y amor han elevado un templo a la gloria de Dios. Casi sesenta años de historia se consumen en un instante.

“Detrás del templo material está el recuerdo de su constructor, P. Francisco Valdés Subercaseaux, la belleza de su arquitectura y toda una vida de comunión de hermanos en Cristo.

“Por eso comprendemos el dolor y las lágrimas de los fieles y de los habitantes de Curarrehue. Además, muchas personas de distintos lugares de Chile han expresado su apoyo, su oración y también su disposición a ayudar a la reconstrucción del templo.

“Podemos reconstruir el templo porque la comunidad cristiana se mantiene viva. Y estoy convencido que en esta prueba ella se ha visto fortalecida en la fe. Ahora viene la etapa desafiante, no exenta de dificultades, pero hermosa de levantar de nuevo la Casa de Dios y de sus hijos”.

El mismo día que la ciudadanía se conmovía con el incendio del templo católico, los familiares de las víctimas de la violencia entregaban una carta al presidente electo, solicitando que se hiciera justicia con sus deudos.

El martes 11 del corriente, la viuda del cabo Nain, el dueño de la Fuente Alemana y el padre de Tamara fueron algunos de los afectados que se reunieron en calle Condell, a las afueras del comando.

Dahianna Pereira, viuda del cabo Eugenio Nain, asesinado en La Araucanía, asistió a la entrega del documento.

“Yo le dije que me ayudara a hacer justicia, que ponga un tope para que ella no haya terrorismo, para que la gente no muera”, dijo Dahianna, quien afirmó que “si yo pudiera, me pondría bien los pantalones para poner un tope (a la violencia)”.

Lo que piden las víctimas no podría ser más justo: Que el Estado se preocupe más de las víctimas y de sus familias, antes que de indultar a los victimarios.

Sin embargo, ese mismo día, el Presidente electo declaró a la prensa: “Hago un llamado enfático a los senadores a que (el proyecto de indulto a los condenados por la violencia) se resuelva en el mes de enero, esto no puede seguir esperando. Nosotros como gobierno nos comprometemos a abrir un diálogo que sea amplio para que esto no se trate ni de vencedores contra vencidos, ni de un sector contra otro, sino que para generar la unidad tras un periodo de tanta tensión y división”.

Los familiares de los condenados por la justicia por estos actos de delitos comunes, gritaban consignas como: “Liberar, liberar, a los presos por luchar.”

Vemos, en los hechos ocurridos en esta semana, los dos Chiles que se enfrentan: el de las víctimas -que piden una justa reparación y “mano firme” para la mantención del Estado de Derecho- y el de los victimarios -que piden libertad a “los presos por luchar”-.

Ambos grupos fueron recibidos por el Presidente electo. Sin embargo, para el primero -el de las víctimas de la violencia-  sólo hubo palabras y más palabras. Para el segundo, el de los victimarios, un llamado urgente para aprobar el proyecto de indulto que, de acuerdo a la opinión de muchos juristas, no es sino una amnistía encubierta para todos aquellos que delinquieron en ese período.

Juzgue nuestro auditor cuál será la consecuencia social, política y religiosa caso se otorgue el mal llamado indulto para aquellos que quemaron iglesias, estaciones de Metro, edificios públicos y privados.

¿Quedarán ellos agradecidos por el privilegio concedido? ¿Depondrán sus acciones violentas? ¿Volverán a defender el Estado de Derecho y la solución pacífica de los problemas que dicen afectarlos?

Obviamente que no.

Ya están acusando de “amarillo” a propio Presidente por el cual votaron y que se esfuerza en atender sus injustos reclamos.

Los activistas de la Coordinadora Arauco Malleco declaran a quien quiera oírlos: “Le respondemos a esa nueva izquierda hippie, progre y buena onda y que hoy celebra un gobierno socialdemócrata o, para ser más precisos, de centroizquierda, que el pueblo mapuche tiene su propio ordenamiento político y militar desde antes de la formación del estado chileno”. E instaron al “pueblo mapuche rebelde” a seguir “resistiendo y a reivindicar la violencia política como un instrumento legítimo de nuestra lucha, sea quien sea que esté gobernando”.

De este modo, los indultos, si se conceden como desea el próximo Gobierno, no producirán sino la impunidad de los delincuentes y, en consecuencia, el estímulo para delinquir.

Súmese a lo anterior la reforma de Carabineros, destinada a neutralizar la fuerza represiva de la policía encargada de mantener el orden y la paz ciudadana que constituye uno de los propósitos del gobierno que subirá en marzo.

No se necesita ser adivino para prever que nos esperan días difíciles, en donde la seguridad será cada vez más precaria y la violencia cada vez más generalizada.

Frente a este panorama, que se desprende del análisis serio de los hechos, debemos reaccionar con la firmeza de quienes saben que están en su derecho cuando defienden la estabilidad de las instituciones, comenzando por la familia, la propiedad de cada uno, fruto de su honesto trabajo y, sobre todo, cuando se defiende la integridad de nuestros templos, erigidos para el culto de Dios, de Su Madre Santísima y de los Santos.

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