Carlos Guajardo Castillo Académico de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales.

Por Carlos Guajardo Castillo

Director carrera de Pedagogía en Educación General Básica, UCEN

Luego que el Ministerio de Salud diera a conocer los cambios al plan ‘paso a paso’, se decidió dar apertura a las escuelas en una fase considerada de cuarentena. Esto quiere decir que la asistencia será voluntaria y permitida de lunes a viernes. Por su parte, lo mismo con aquellas comunas que se ubican en una etapa de transición, preparación y apertura; teniendo como base que la inasistencia no será considerada. Por su parte, el Subsecretario de Educación Superior, Juan Eduardo Vargas, ya anunció el “necesario retorno a clases presenciales, lo antes posible”.

Más allá de esta soslayada voluntariedad que se expresa de parte de las instituciones gubernamentales, aún está presente el temor de muchos apoderados y estudiantes por iniciar un regreso masivo a clases, teniendo en cuenta factores como la variante DELTA o que las instituciones no cuenten con los aforos y medidas sanitarias exigidas. Tampoco debemos olvidar, que para aquellos colegios que aún dependen de los municipios, la decisión de regresar o no a clases, sigue estando bajo la jurisdicción de sus alcaldes y alcaldesas; quienes en su mayoría manifiestan que no están las condiciones físicas y psicológicas para retomar un 2º semestre ‘normal’.

Para quienes sí optan por la presencialidad, es clave considerar algunas medidas. En primer lugar, la comunidad académica a cargo de la gestión de los colegios, debería sostener un encuentro de reflexión y preparación previo a la llegada de sus estudiantes, abordando asuntos emocionales que más tarde podrían ser perjudiciales en el desarrollo de las clases. Contar con la asesoría de expertos en salud mental, es una alternativa para no comenzar como si “acá no ha pasado nada”. En segundo lugar, están los estudiantes, quienes por mucho tiempo han estado ‘encerrados’ en sus hogares y asistiendo a clases desde una modalidad virtual. En consecuencia, es crucial darse el tiempo necesario para escucharlos y saber cómo se sienten. Cuando estemos seguros de que la comunidad educativa está llana para comenzar las clases, podremos preocuparnos de desarrollar un diagnóstico curricular y nivelar cada vez que sea necesario. No cometamos el error de pensar que la “materia ya fue pasada” y hay que continuar avanzando. En educación y pedagogía, las cosas no son así, hay que ser prudentes cuando se está formando a los seres humanos para la vida.

El Ministerio de Educación, tendrá que tomar los resguardos para que las comunidades educativas no se sientan presionadas por índices que posiblemente dan cuenta de los aspectos no logrados en materia curricular, sin tener en cuenta que el estado emocional de las personas no es el mismo previo a la declaración de la pandemia. Por favor seamos sensatos y no dejemos de escuchar a cada integrante de los establecimientos educacionales del país. No somos máquinas del aprendizaje, somos seres humanos que aprendemos desde una perspectiva integral, es decir, adquiriendo conocimientos, habilidades, actitudes y emociones.

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