Uwe Rohwedder Académico escuela de Arquitectura y Paisaje, UCEN.

Por Uwe Rohwedder

Arquitecto y académico UCEN

Es un hecho comprobado que el espacio construido tiene importantes implicancias sobre nuestros comportamientos, relaciones y nuestra salud. En el último periodo de la pandemia se ha hecho más visible.

La forma de concebir la vida en las ciudades debe cambiar su foco, de un individualismo hacia uno más colectivo, un ejercicio complejo porque nunca intentamos entender al otro, una mirada más amplia que nos debería acercar a la naturaleza más bien ha primado una deshumanización de nuestras formas de habitar, sumado a ello hemos sobrevalorado el aprender de los errores, aquello sólo ayuda a no equivocarse, pero no a hacerlo bien.

Quizás hoy somos más conscientes de que debemos cuidar nuestra salud mental pero no la relacionamos como el espacio que habitamos nos afecta significativamente. Han aparecido movimientos que estudian la psicología ambiental. Existen investigaciones que demuestran que el rendimiento de un niño a nivel escolar puede estar condicionado al tipo de aula, iluminación, ventilación y confort térmico, el ambiente es un todo que debiera proteger buenas formas de vivir y regular la relación con entornos naturales.

Con la pandemia se ha incrementado el tiempo en que permanecemos en interiores y es bueno preguntarse sobre la calidad del aire que respiramos, igual al uso prolongado de mascarillas que nos hacen perder oxígeno, los interiores producen compuestos orgánicos volátiles. Mascotas, productos de limpieza, alfombras, pinturas y barnices, entre otros, hacen que en tiempos prolongados, las personas suelan quejarse de síntomas como dolores de cabeza, falta de concentración, irritación en la vista y problemas respiratorios.

Llegó la hora de incorporar en nuestras normativas elementos que aseguren buenos sistemas de ventilación, contactos visuales y directos con elementos verdes vivos y espacios adecuados para generar variabilidad de movimientos, es decir aportar desde la arquitectura una armonía que proteja y permita desarrollar en forma integral todos nuestros sentidos.

El recuperar y transformar lugares para desarrollar una sensibilidad mas trascendente con lo natural aparece en contraposición evidente al hacinamiento y la falta de plazas y parques en grandes extensiones de nuestras ciudades.

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