Carlos Guajardo Castillo Académico de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales.

Por Carlos Guajardo Castillo

Académico de la Facultad de Educación, UCEN

La necesidad de empatía en estos tiempos de pandemia, se ha visto trastocada a partir de situaciones tan simples a los ojos del ser humano ¿hasta qué punto nos han educado en el desarrollo emocional para la vida? Las personas, más allá de sus necesidades e intereses personales, se ven expuestas al “sálvese quien pueda”, sin poseer un sentido de humanidad frente a aquellos que requieren de un apoyo impostergable ante situaciones de emergencia. Chile no es la excepción, pese a que en muchos países del mundo nos consideran como una nación solidaria y que sabe levantarse ante las tragedias acontecidas a lo largo de la historia.

Hoy más que nunca se ha puesto en juego el sentido de empatía. Aún cuando seguimos figurando en el ranking de los países que lideran la campaña de vacunación contra el Covid 19, vemos cómo a nivel local carecemos de cierta bondad humana ante compatriotas que están dándolo todo porque no nos contagiemos ante un virus incierto que continúa en plena investigación. Ejemplos abundan, como el personal de la salud, que no se ha detenido ni un minuto; aquellos trabajadores de supermercados, farmacias, delivery y tantos otros que representan ser esenciales. El problema está en aquellos que al parecer les importa bien poco lo que está pasando, y siguen sometiendo a sus familiares y conocidos a través de la realización de fiestas clandestinas, eventos sociales innecesarios e incluso algunos siguen pensando en viajar al extranjero porque está todo más barato ¿Somos realmente empáticos los chilenos?

La escuela y la familia, son y serán el escenario perfecto para que las nuevas generaciones desarrollen el interés y la responsabilidad por el propio bien, el de la humanidad y todo el planeta. Por ahora, tratemos de no darles el mal ejemplo a través de acciones que parecieran ser hasta irracionales cuando vemos que día a día la gente continúa falleciendo en los hospitales.

Como profesor y formador de formadores, tenemos una tarea ineludible con nuestro estudiantado, debemos transmitir aquellos valores sociales y ser los vectores para el cambio que necesitamos. Citando a Paulo Freire, “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Por ellos, y por los que siguen haciendo que Chile siga estando arriba, hagamos los últimos esfuerzos para intentar salir poco a poco de esta pandemia que a todos nos ha afectado.

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