Por más de diez años el profesional de la salud ha prestado servicio en distintas unidades del Complejo Asistencial Angelino, sin embargo, desde el 2017 se desempeña como enfermero jefe del Centro de Costo de Urgencias, donde coordina distintos asuntos técnicos y administrativos, en un espacio clave en el ingreso de pacientes con sospecha de Coronavirus.

Si bien Edmundo Iturriaga no mantiene contacto directo con ellos, estuvo expuesto al contagio, y fue precisamente en su espacio de trabajo que comenzó a sentirse mal, por lo que le realizaron una serie de exámenes, entre ellos un PCR. Horas más tarde el resultado indicaría que no se trataba de una simple gripe como sospechaba: era Covid-19.

Recuerda que fue a principios de diciembre del 2020, que comenzó “a sentir malestar general, corisa, cefalea y mi aspecto tiene que haber sido un poco terrible porque el enfermero de enlace que hace los controles todos los días me mandó inmediatamente a control con el médico que está atendiendo en respiratorio porque ese es el protocolo. Me hacen los exámenes de rigor, y me mandan para la casa con antinflamatorios y analgésicos para poder pasar estos días. Pensé que no era nada, pero era todo, a las 6 de la tarde me comunicaron que era positivo para SARS-CoV 2”.

Un par de días más tarde se inició el calvario. En casa comenzó la dificultad para respirar, la fiebre, el insomnio, lo que redundó en una obnubilación de conciencia, que le impedía ver la gravedad de la situación, pero no así a su esposa, Consuelo Valencia, enfermera de profesión, quien debió trasladarlo a la Unidad de Emergencia. “Nos despedimos en el ingreso a Urgencias, porque sabíamos cuál era el destino…nos despedimos y fue la despedida más terrible que he tenido en mi vida. Yo ya venía con los síntomas más graves. Fui evaluado y decidieron hospitalizarme”, relató emocionado.

Lo que cuenta más adelante es producto de una reconstrucción en base a lo que le han contado, ya que recuerdos prácticamente no hay. Y es que a causa de la grave neumonía por Covid lo intubaron, ya que las proyecciones no eran buenas. “Tomaron la decisión en función de la vida, no tuvieron el tiempo de consultarme a mí, ni a mi señora, estuve once días conectado a ventilación mecánica”, reflexionó.

Más allá de las manifestaciones físicas de la enfermedad, existen alcances sicológicos complejos, que se repiten entre los pacientes que han sufrido las consecuencias más críticas de la patología, tal como explicó Edmundo Iturriaga. “Tuve un episodio sicótico importante donde incluso me auto-extubé, lo que es una situación gravísima porque puse en riesgo mi vida. Fue la habilidad del equipo, los cuidados inmediatos – me re-intubaron – que logré pasar el resto de los días, pero fue la jornada en que estuve más grave, saturando un 40% de oxígeno, cuando lo normal es sobre un 95%”.

DESPERTAR Y SECUELAS

El 23 de diciembre el enfermero despertó, y recuerda que “la primera persona que veo es Mónica Silva, la médico a cargo del equipo, y fue no tranquilizador, pero si acogedor volver a la realidad con una persona que conozco. Le dije a Mónica que me de el alta, porque están buscando para matarme, yo estaba en un estado alucinatorio probablemente mediado por las drogas ocupadas para mantenerme ventilado o por la hipoxia, y pasé de la vivencia de estar intubado al plano de realidad que estamos viviendo ahora”.

“La sensación de apremio, la necesidad imperiosa de arrancar, la huida que siempre está presente, yo tengo memoria de aquello y no es onírico, no es un sueño, es un recuerdo. Hay una sensación de persecución, una paranoia, donde tu eres el protagonista de una historia terrible, donde no hay ningún momento de tranquilidad, donde todo es ominoso, donde lo único que tienes que hacer es pelear por lo que está pasando y a la vez arrancar de ello. Sacando cuentas, en solo dos momentos me sentí tranquilo, y fue cuando estuve más grave…cuando tú estás tranquilo es porque vas a morir, en cambio mantenerte activo, atento, para poder arrancar es lo más importante”, indicó.

Tras volver a la realidad, se le hizo dificultoso caminar, ya que sus paquetes musculares no eran capaces de sostener su cuerpo para levantarse de la cama, de hecho, entre dos kinesiólogos le hicieron palanca en las rodillas para que se pusiera de pie. Perdió diez kilos, y mucha masa muscular.

“Eso fue lo primero, lo físico muscular, la perdida de movimiento. No era capaz de sostener una cuchara cuando llegué a casa, me tenían que dar la comida en la boca, y lo físico trae el efecto mental de la perdida de autonomía, te daña enormemente el ego, y eso hace más difícil la recuperación. No podía subir al segundo piso, me demoraba cerca de un minuto por escalón, la primera vez que subí por mi cuenta tardé como una hora en recuperarme. Bañarme era muy difícil, tenía trastornos del sueño, me costaba quedarme dormido”, todas consecuencias ya conocidas.

Sin embargo, el profesional develó un aspecto más íntimo asociado a la patología. “Me conversaron sobre el sueño, sobre el estrés, sobre el movimiento, pero nunca nadie me advirtió sobre el tema sexual, que es tan importante como comer en la vida. Y resulta que uno queda con lesiones por la sonda Foley (catéter que pasa a través de la uretra, hacia adentro de la vejiga, para drenar la orina), y esas lesiones son dolorosas y tienen aspectos raros, y las personas que no están cercanos al quehacer de salud les puede generar algún tipo de dudas que afecten profundamente su vida sexual, y por ende la vida en pareja, y que pueden incluso desestabilizar un matrimonio”.

MENSAJE A LA COMUNIDAD

El trance que vivió Iturriaga trascendió al ambiente extra hospitalario. Las cadenas de oración se multiplicaron, alcanzando incluso a personas que no lo conocían. “Yo sé que mucha gente oró, rezó, y pensó en mí, y he tenido palabras de agradecimiento para todos ellos, porque en rigor, pusieron sus energías en mí, durante un momento del día, que me hayan deseado el bien, yo creo que cooperó en mantenerme acá”.

Volvió el 15 de marzo de forma presencial a su puesto de trabajo, lo que asegura, ha sido un estímulo en su proceso de rehabilitación. “Estaba con una ansiedad tremenda de volver, yo lo considero parte de la terapía, volver y enfrentarme al estrés y salir bien parado de ahí, hasta el momento ha salido todo bien. Ha sido grato volver, ver gente conocida, que las personas muestren un sincero aprecio porque volviste y eso es rico, es parte también de la medicina, el amor”.

Ya han pasado casi cuatro meses desde que se contagió, y ahora que está de vuelta a la denominada primera línea, el panorama es aún más complejo. Por ello, llamó a la comunidad a “que sean conscientes de que no están solos en el mundo, que las decisiones que toman afectan a otros, y que esto puede ser tan grave como lo que me pasó a mí. Todas las personas que están enfermas, en una edad similar a la mía tienen a sus padres vivos, y es triste estar doliendo a alguien, ver a alguien grave es devastador para una familia, ver morir a alguien es tremendo”.

A su vez puso énfasis en la falta de empatía que existe a nivel social para enfrentar la pandemia. “El tener Covid en una población es como tener lepra, todos saben, pero nadie pregunta por ti. Creo que eso también es falencia de nuestro sistema en informar como se contagian las personas por vía aérea, y que no va a pasar nada si te llaman por teléfono para dar una palabra de aliento, preguntar y saber cómo están las personas no hace daño”.

“Nos han educado durante todo este tiempo en la individualidad, sálvate solo, en vez de que el discurso sea sálvanos, salvémonos, hagámoslo bien, esa debería ser una enseñanza cuando pase la pandemia y esto se trasforme en una endemia, cambiar en algo nuestro quehacer, creo que es lo correcto, y los cambios parten de uno. Este virus te hace un ´reset´ corporal y cerebral donde tú tienes que reconstruirte”, subrayó.

Finalmente, pidió “agradecer a mi institución y en especial a la UPC adulto, hoy UCI Covid, porque llegué en el momento preciso de la historia: no estaban tan cansados como están ahora, tenían la experiencia acumulada de casi un año, había camas disponibles, conocía a muchos de ellos. Pusieron todo su ánimo, sus buenos deseos, sus conocimientos y su experiencia a mi servicio, me faltarán abrazos y palabras para agradecer el bien que hicieron por mí. Yo no soy víctima del Covid, soy un agradecido de haber tenido una enfermedad que me unió a las personas”.

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