Rafael Rosell Aiquel Rector Universidad Pedro de Valdivia.

Por Rafael Rosell Aiquel

Rector Universidad Pedro de Valdivia

El 2020 sin duda ha sido desafiante para la educación en general, y la superior en particular, sufriendo uno de los mayores estrés de su historia, y el 2021 llegó, hasta ahora, por el mismo camino. Aún seguimos haciendo frente a la mayor pandemia sanitaria de los últimos 100 años, afrontando una crisis global la cual dejó en evidencia nuestras debilidades, agravando las desigualdades sociales y económicas.

Son años que vivimos en peligro en cuanto al aprendizaje. Además, nos ha develado las enormes brechas existentes entre las familias chilenas que profundizan aún más la desigualdad asociada. Las cuarentenas ponen en evidencia que profesores ni tampoco alumnos están preparados para afrontar la educación a distancia.

La falta de computadores o internet en varios hogares provoca una enorme brecha educativa. Por esta razón, todo el ecosistema de educación superior tuvo que adaptarse y generar importantes cambios bajo la convicción de que entendemos la educación como un derecho y no como un bien de consumo.

Esta pandemia del COVID-19 también ha significado una oportunidad para repensar los procesos de enseñanza-aprendizaje, y de incorporar las nuevas tecnologías a la educación. A través de la mejora continua, hemos comprendido la importancia de la educación a distancia, la generación de clases tanto sincrónicas como asincrónicas; el teletrabajo, la inversión en salas mixtas para fortalecer aún más el proceso formativo de estudiantes y otras tantas variables con las cuales adquirimos día a día el conocimiento pertinente para convivir con ellas.

La educación superior enfrentará grandes desafíos como el de formar personas con habilidades sociales, que les permitan establecer relaciones y co crear realidades. Para ello deberán ser creativos, innovadores y emprendedores, pero siempre velando por ser justos, solidarios e inclusivos.

El mundo avanza y evoluciona, al igual que las personas y las sociedades. Acortar la brecha de desigualdad depende de adecuadas políticas públicas, pero mientras los políticos se ponen de acuerdo, la academia como parte de la sociedad civil organizada debe salir en forma solidaria a apoyar a sus propias comunidades.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here