Sr. Director:

La confianza de la sociedad en la ciencia es un bien público que nos resulta imprescindible, pues necesitamos decidir políticas públicas basadas en evidencia. Nadie puede saber ni ser especialista en todo. Necesitamos confiar en la institucionalidad científica y su escepticismo. Ante la controversia por la seguridad de la vacuna SinoVac en mayores de 60 años, confiamos en el respaldo científico de quienes avalan su seguridad. En contraste, paralelamente, en la misma academia a la que le presuponemos seriedad, conviven en sus aulas enseñanzas reñidas con la ciencia. Sin más aval que la impostura ideológica, abundan cursillos de homeopatía, acupuntura, Medicina Tradicional China (MCT) ─que ni es tradicional ni merece ser llamada Medicina─, Flores de Bach y un sinnúmero de prácticas basadas en la suspensión de la incredulidad; ni qué decir de alianzas institucionales con el negocio de la superchería. ¿Cómo podemos confiar en que avalan su seguridad sin basarse en cuentos de hadas? La pandemia agota el espacio para las mentiras pseudocientíficas que parasitan del bienestar construido por la aplicación de la biomedicina. La vacunación ha sido el principal triunfo de la salud pública. Vacunémonos, también, contra la pandemia de desinformación y superstición; la academia no debería prestarse para ser un vector de contagio.

Luis León

Cárdenas Graide,

Ingeniero Civil en Computación, Universidad de Chile

RUT 10.366.273-7

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