Luis Matías Silva Guerrero, 28 años. Lavandería

En el primer piso del edificio Kume-Moguen se sitúa la lavandería del Complejo Asistencial “Dr. Víctor Ríos Ruiz”, espacio en el que se respira buena onda y compañerismo. 37 personas se desempeñan en cuatro turnos, con una carga laboral que prácticamente se redobló en tiempos de pandemia.

Poner y sacar ropa de la lavadora, doblar de forma impecable los vestuarios, confeccionar gran parte de ellos, despacharlos y retirarlos, son parte de las tareas que se realizan tanto de día como de noche, al ritmo de las canciones de Juan Gabriel, y -cuando se puede- una que otra talla que ayudan a amenizar una labor indispensable al interior del recinto, la que han desarrollado en los últimos meses venciendo una serie de miedos.

Precisamente en la sala de costura, nos recibe el auxiliar de servicio Luis Matías Silva Guerrero de 28 años -tres de ellos al servicio de funcionarios y pacientes del CAVRR- y se da un espacio para conversar con el equipo de comunicaciones, mientras espera que las secadoras culminen su ciclo para retirar las prendas ya esterilizadas, listas para su uso.

¿Cuál ha sido el principal cambio que ha tenido la rutina de trabajo?

Lo que ha cambiado para nosotros es el flujo de ropa, y cantidad de ropa, ahora son demasiadas prendas en comparación a lo que teníamos desde antes del Covid. Por ejemplo, nosotros no tenemos en funcionamiento los pabellones, pero aun así es como si estuvieran funcionando. Eso ha cambiado bastante para nosotros.

En cada turno vienen a buscar ropa verde, que es la que las chicas fabrican acá en costura, y que son para quienes trabaja tanto de mañana como de tarde. Cada funcionario retira un pantalón y una casaca, y es lo que ellos utilizan como uniforme, para prevenir el contagio del Coronavirus.

Ustedes colaboraron desde el principio, de forma espontánea en la elaboración de mascarillas, ¿Cómo nació esa idea?

Al principio, en este taller de laboratorio que hay acá, cuando comenzó el tema del Covid, surgió la idea de hacer mascarillas. Se gestionó, lo hicieron, y luego surgió la idea de hacer ropa desechable, por lo que se compró la tela. Posteriormente se propuso hacer esta ropa verde, y ahí es donde se empezó a modificar todo. Esto permitió aumentar en seis funcionarios más el equipo, para colaborar en el doblado, en el lavado más rápido para que estuvieran pronto disponible los uniformes.

¿Cómo percibes el funcionamiento de esta gran máquina llamada CAVRR, del cual ustedes son un engranaje importante?

El hospital ha sido comprometido con la ciudadanía, creo que se ha preocupado de mantener todo el resguardo, esto mismo de toda la ropa que se confecciona es para que los chicos salgan de acá y sus vestimentas no tengan contacto con ninguna otra persona, y así su prenda esté libre de Covid. Tenemos harta información sobre los protocolos a seguir en caso de que alguien tenga algún síntoma, y eso se va actualizando.

¿Cómo ha cambiado tu rutina familiar, a raíz de tu trabajo en CAVRR?

Ha sido complejo. Mi polola está embarazada, y hemos mantenido un gran resguardo. Mis papás viven cerca de mi casa, antes nos visitábamos mucho, pero ahora hemos tratado de no visitarlos, porque acá hay dos funcionarios que se han contagiado de Covid, y uno trata de no visitar a sus familiares por lo mismo, uno trata de ser empático con el resto por lo mismo.

Acá también hemos tenido casos de colegas que cuando se trasladan, en el colectivo o en Uber, que les consultan: ¿hacia a dónde va? Y cuando dicen al hospital, mantienen un poco más de resguardo y tratan de evitar contacto.

¿Qué ha sido lo más complejo de asumir en la adaptación a esta nueva forma de vida?

Al principio cuando recién comenzó el tema de la pandemia, muchos teníamos miedo con el tema de ir a buscar la ropa al área Covid, porque no sabíamos cómo se manipulaba para mantenernos a resguardo, por lo que una epidemióloga vino, nos habló acerca de la pandemia y su comportamiento, y ahí fuimos superando los miedos. Se nos explicó el refuerzo de elementos de protección personal para esa tarea especializada, y así nadie se ha contagiado por labores específicas del trabajo.

Ahora, cuando vamos a buscar ropa al espacio contaminado, debemos usar: mascarilla, escudo facial, pechera desechable, gorro, guantes desechables cortos, otros guantes desechables largos, y cubre calzado. Todo eso nos mantiene a salvo.

***El ciclo de la ropa comienza cuando cada funcionario retira las prendas limpias en la ventanilla de lavandería. Luego, al terminar su turno, quienes se desempeñan en el área Covid la dejan en contenedores especiales, mientras que la vestimenta de servicios no-Covid llega al gimnasio. Ahí, auxiliares con sus elementos de protección personal dejan las piezas al interior de las lavadoras, para luego secar, doblar, y nuevamente entregar.

***En tiempos de pandemia, diariamente se lavan 2 mil 500 kilos de ropa, mientras que antes de la llegada del Coronavirus estos eran cerca de mil 800. Adicional a esa labor, los funcionarios confeccionaron entre Abril del 2020 y Enero del 2021 un total de 2 mil 100 trajes clínicos, con lo que han logrado entregar una mayor protección a los funcionarios de los diferentes Centros de Costos y Unidades que atienden a pacientes con patologías COVID-19.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here