El 9 de marzo del año 2020 el Complejo Asistencial “Dr. Víctor Ríos Ruiz” recibió al primer paciente con diagnóstico de Coronavirus, quien, proveniente de Laja, se transformó también en el primer caso en registrarse en la región del Biobío. Diez meses han pasado de aquello, tiempo marcado por cambios constantes en la metodología de trabajo que se ha adaptado para cumplir con la demanda relacionada con la pandemia y también con la habitual.

Así lo ha vivenciado Gladys Jara, enfermera de 43 años de edad, quien se desempeña en la Unidad de Paciente Crítico hace 17 años. “Prácticamente mi vida la he vivido acá en la UPC de Los Ángeles”, cuenta orgullosa, al tiempo en que advierte nunca se ha contagiado.

La profesional relató que al inicio de la crisis sanitaria se comenzaron a preparar con tiempo, y “hubo muchos cambios a nivel propio de la UPC, a nivel de toda la institución, cambiaron flujos de circulación, el uso de los trajes, ya no el clínico que utilizábamos si no que uno quirúrgico, los elementos de protección personal se exacerbaron, y el retorno al hogar también ha sido un tema importante para proteger a nuestros familiares. La institución nos ha brindado harto apoyo, hartos elementos de protección personal, tenemos casilleros exclusivos para los funcionarios en atención directa con pacientes Covid”.

Si bien las labores clínicas se han mantenido, explicó que “hemos tenido que organizar mejor nuestro trabajo, porque tenemos que entrar a una zona de mayor riesgo, entonces tratar de minimizar la exposición significa una organización con todo el equipo al momento de hacer los exámenes físicos, valorar a nuestros pacientes, mantener la terapia, los ingresos, todo ha sido coordinado con el equipo clínico”.

Sobre los cambios que ha tenido que implementar en su rutina diaria, es fundamental la vestimenta. “La ropa de venir al hospital es una sola, no vengo con la pinta que veníamos todos los días con ropa distinta, es una sola ropa que se utiliza para venir al complejo, luego llegar a casa directo a la ducha, bolsas separadas para el lavado y diferenciado para el resto de la casa”, acotó.

Gladys es madre de dos hijos, la mayor de 20 años y el menor de 13, cuyas rutinas también se han visto alteradas a causa de la pandemia. “Los niños no saludan hasta que la mamá esté completamente higienizada, y eso también ha sido un poco preocupante para ellos, porque antes yo llegaba al auto y se tiraban encima mío, ahora tienen que esperar más o menos una hora hasta que yo esté lista, para poder abrazarme y decir que me aman mucho, y que están felices por lo que hago”.

Y agregó que “ellos están muy preocupados por mi salud, y cuando vengo a trabajar me dicen: ´mamá por favor no mueras´, como que ellos tienen la sensación de que esto es una guerra, nosotros somos los soldados que estamos asistiendo y no sabemos si vamos a regresar, esa es la sensación que tienen ellos”.

Si bien la vida extrahospitalaria de Gladys se ha visto completamente trastocada, lo que más siente además del escaso contacto físico con el resto de su familia, es la distancia con su principal pasatiempo: la música. “Estoy en un grupo -Millantué- que estábamos en proceso de grabación de disco, así que hemos tenido que estancar todo ese proceso de producción, y tampoco hemos podido ensayar, porque cuando uno canta se liberan más aerosoles, no tenemos el espacio físico para poder juntarnos y la cuarentena nos impide hacer ese tipo de reuniones. A pesar de eso la música sigue en nuestras vidas, vía remota, gracias a Dios tenemos esa tecnología y así hemos estado en estos tiempos, con la esperanza de volver a juntarnos”.

LA VACUNA, UNA LUZ DE ESPERANZA

Si bien reconoce que había cierta incertidumbre en cuanto a la inmunización contra el Covid-19, aseguró que siguió de cerca junto a sus compañeros de trabajo el proceso de elaboración de la vacuna y la propuesta de los distintos laboratorios, recordó.

“Yo estoy contentísima, lo tengo anotado en mi agenda, en mi bitácora de vida, para contarle a mis nietos. Yo tengo varias cosas que contarles a ellos: una, que viví un terremoto 8.8 en el hospital, dos que sobreviví a una pandemia, que fui la primera en vacunarme, y lo único que me falta ahora es subirme al escenario del Festival de Olmué y de Viña, y soy feliz”, concluyó la enfermera.

Por ello llamó a la comunidad a informarse a través de medios científicos, para que en el momento en que se presente la posibilidad de vacunación la tomen, evitando así un estado de salud grave a causa del Coronavirus, como el que han debido presenciar y atender, los funcionarios de las unidades críticas del CAVRR.

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