Álvaro Godoy Ortiz Estudiante de Pedagogía Universidad de Concepción.

Por Álvaro Godoy Ortiz

Hace un año, tras el 18 de octubre, se inició el denominado Estallido Social que vino a remecer a todo un país que se encontraba adormecido bajo uno de los lugares más significativos del Gran Santiago como lo es la Plaza Italia (o de la Dignidad), es así como un grupo de jóvenes que comenzaron una evasión masiva del Metro lograron dar cuenta de que no son 30 pesos, sino que 30 años. Así, muchos nos dimos cuenta de que mientras a unos los atiborran con suntuosos privilegios a otros los dejan en la miseria e indefensión, yendo incluso más allá de la falsa meritocracia que pregonaban en aquel Oasis latinoamericano.

Tras aquel día, los cacerolazos y demandas comenzaban a emerger desde una rabia e impotencia que se manifestaba a través de quienes protestaban pacíficamente, pero que también no podemos desconocer la violencia que generó la quema de Pymes y fuentes laborales que sirvió cuan Revolución Francesa como un bofetón para que los poderosos pudiesen escuchar a esa multitud que por medio del pacifismo les decía “YA NO MÁS” logrando visibilizar las profundas heridas de nuestro sistema para lo cual la gente cansada de una clase política que seguía sin respuestas claras, profundamente desconectada y sesgada por sus pugnas ideológico-partidistas seguían en las calles.

Esto no fue algo casual puesto que luego de tres décadas de movilizaciones sociales pacíficas que ningún Gobierno se dignó a escuchar se comenzó a sentir la molestia ciudadana en un momento clave para nuestra democracia, sin embargo, toda esa molestia tiene un factor  fundamental relacionado a la falta de voluntad política, porque aquí el Presidente de la República actual no es el único quien debería asumir por lo que está pasando, es por esto que tanto a la Izquierda, Centro y Derecha les corresponde la misma cuota de responsabilidad porque ni el “Chile de Todos”, los “Tiempos Mejores”,  ni “Chile mucho Mejor” se han cumplido en todos estos años de Democracia.

Sin duda, el 25 de Octubre de 2019 cerca de 2 millones de personas repletaron las calles de Santiago y regiones manifestándose por un país mejor, sin abusos ni desigualdades con un abismante protagonismo, pero aun así el Estado chileno no respondía adecuadamente pero si fue capaz de utilizar las armas en contra de la gente que marchaba con cánticos, banderas y cacerolas dándole paso a una violenta represión que deja a más de mil casos de prácticas que incurren en violaciones a los derechos humanos.

Chile cambió, negar lo que desde los oscuros 17 años refundacionales de la Dictadura y el transcurso de los gobiernos democráticos es decir no a una historia común. Esa que gracias a los jóvenes nos hizo darnos cuenta de lo que en verdad sucede en el país, que si bien la prosperidad de la nación es innegable aún hay amarres que no nos dejan avanzar en lograr la dignidad, progreso económico y calidad de vida que la gente merece ante un débil Estado subsidiario y una fuerte ley de oferta – demanda que prima incluso en Derechos Humanos, además de alimentar la profunda crisis de legitimidad que viven nuestras instituciones por su falta de representatividad.

Tras el “Acuerdo por la Paz y Nueva Constitución” del pasado 15 de noviembre que llevó obligadamente a esa élite política a dialogar, a llegar a acuerdos, a dejar las trincheras y a colocar a toda la gente que día tras día se congregaban para salir a marchar, y es así como surge el camino para una Nueva Constitución que garantice aquellos cambios que han sido Inconstitucionales, que sea un camino para devolver la confianza en las Instituciones y que le dé a Chile la posibilidad de dialogar sobre el país que quieren desde el respeto, la comunicación y la diversidad.

Gracias a esta instancia, un año después hoy podemos iniciar un nuevo, interesante y largo camino que a pesar del confinamiento y de la Pandemia por Coronavirus los más de 4.5 millones de ciudadanos se entusiasmaron en ir a ejercer su derecho, así es posible generar el primer paso a un cambio verdadero desde nuestra ley madre, de la cúspide del sistema jurídico, desde la Constitución que permitirá avanzar en las demandas sociales como Educación, Pensiones, Salud, Medio Ambiente, Vivienda, Trabajo, entre otras. Además, de devolverle la legitimidad a las instituciones y que sea capaz de incluir a todos aquellos grupos relegados como lo son las Mujeres, Pueblos Originarios, Comunidad LGTBIQ+, a todos. Hoy tuvimos la posibilidad histórica de avanzar en un proceso constituyente que le permita a la gente ser quien tiene el poder. Por esos jóvenes que vienen tras nuestros pasos, el cambio está en nosotros. Por Chile y Para Chile, sin odio, con respeto y amor todos juntos a construir un país mejor.

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