Por Narcisa Lezano Barriga.

La nostalgia no nos obliga, sino que es un inmenso honor recordar que hace cincuenta años fue la primera vez que visité la ciudad de Nacimiento.

Recuerdo que vine con un familiar un día del mes de febrero del año mil nueve ciento sesenta y siete desde la ciudad de Laja en tren. En la recordada Estación había que tomar una micro (un bus) para llegar al centro de Nacimiento. Pero al tomarlo se me cayó un zapato. Lo que parecía un hecho cómico fue una situación premeditoria que años más tarde me demostraría que me vendría a radicar a Nacimiento.

Podrá parecer algo absurdo lo que escribo, pero no lo es cuando mayormente la gente nacimentana me ha acogido con una inmensa solidaridad. Permitiéndome participar en su quehacer social y cultural; más todavía, representándola a ella más allá de nuestra frontera comunal lo que nos hace sentirnos muy honrada en serlo. Devolviendo así en parte y sobre todo muy agradecida por dicha solidaridad que me han brindado en estos ya treinta y siete años que llevo viviendo en Nacimiento.

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