Dr. Felipe Hernández, académico de la Facultad de Ciencias Veterinarias Universidad Austral.

Por Dr. Felipe Hernández, académico de la Facultad de Ciencias Veterinarias Universidad Austral.

En esta época estival, muchas personas prefieren descansar en zonas campestres, cerros y bosques alejados de la ciudad, en espacios que generalmente permanecen cerrados por varios meses. En esos casos siempre es una buena idea abrir puertas y ventanas para ventilar y dejar entrar la luz; no sólo para eliminar el clásico olor a “encierro y humedad” acumulado por meses, sino también por el temido virus Hanta.

El virus Hanta, causante del llamado síndrome cardiopulmonar por Hantavirus (SCPH), es un agente zoonótico que se transmite desde animales silvestres al ser humano, siendo el ratón de cola larga (Olygoryzomys longicaudatus) el principal reservorio y transmisor de esta enfermedad endémica de Chile. La infección ataca principalmente a los sistemas pulmonar y cardíaco, con una incidencia de entre 30 a 90 casos anuales, la mayoría de gravedad.

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El Hanta puede ser transmitido a través de aerosoles que inhalamos desde heces, orina y saliva de roedores infectados, y del contacto directo con este tipo de material por medio de heridas y mucosas de nuestros ojos y nariz. Para prevenir el contagio es importante ventilar muy bien nuestras casas después de un largo período de encierro, limpiar profundamente con cloro todos los rincones donde puedan existir deposiciones de roedores, y protegernos cuando realicemos estas labores (por ejemplo, usando mascarillas y guantes desechables).

También es aconsejable implementar prácticas como buen almacenamiento de nuestros alimentos y agua, apropiada eliminación de la basura en contenedores herméticos, desmalezamientos periódicos alrededor de la vivienda. De lo contrario, generamos condiciones ideales y atractivas para recibir visitas de huéspedes inesperados, como pequeños roedores nativos en busca de alimento, agua y/o refugio, que encuentran múltiples rincones para orinar y defecar al interior de nuestro inmueble.

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Es importante, sobre todo, proteger a los controladores nativos de roedores, como zorros, güiñas, chunchos, lechuzas y culebras. No olvidemos que como seres humanos hemos invadido progresivamente ambientes naturales donde habita la vida silvestre, realizando actividades agropecuarias, construyendo viviendas, y disfrutando de actividades turísticas en plena naturaleza. Todo esto nos ha puesto cada vez en mayor contacto con especies nativas, y aumenta las oportunidades de transmisión de enfermedades desde la fauna (y viceversa), implicando desafíos relevantes para el diseño e implementación de mejores estrategias para el control y manejo de los riesgos sanitarios globales.

Sin duda, como seres humanos y componentes integrales de los ecosistemas debemos jugar un rol protagónico en pos de nuestra propia salud y bienestar, así como de los de otros seres vivos y ambientes con los que coexistimos diariamente.

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