Sergio Acuña Académico Carrera Kinesiología UST Especialista en rehabilitación Oncológica y cuidados paliativos.

Aumento de masa corporal magra y reducción del tejido adiposo son algunos de los efectos que tiene el ejercicio en pacientes que padecen el virus.

El pasado 1 de diciembre se conmemoró a nivel mundial el Día de la Lucha Contra el Sida, fecha en la que se busca concientizar y apoyar a personas que viven con el Virus de la Inmunoinsuficiencia Humana (VIH) y a quienes han fallecido producto de enfermedades relacionadas con el SIDA.

La gran mayoría tiene claro que el VIH se contagia por vía sexual, sanguínea o vertical (de la madre al hijo). Sin embargo, cuando el virus ya está dentro del cuerpo, es fundamental su control constante, ya que de lo contrario podría avanzar a SIDA.  Para que esto no suceda, es importante que el portador se realice chequeos médicos constantes y completos, y que mantenga un estilo de vida saludable para no deteriorar ni complicar ciertas partes de su cuerpo. Y aquí es donde entra la alimentación y el ejercicio físico, ya que los medicamentos ingeridos por el tratamiento podrían causar malestares estomacales o desgastes de las articulaciones.

Al respecto, el académico de Kinesiología UST Santiago, Sergio Acuña, explica cómo el ejercicio físico puede mejorar significativamente la calidad de vida de quienes padecen VIH o SIDA, pero siempre comprendiendo que las complicaciones de salud no sólo van de la mano de la infección sistémica de la persona, sino que además debido al apoyo de los fármacos necesarios para reducir la carga vital y mejorar la respuesta inmune a la infección del propio virus.

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El ejercicio aeróbico es un gran aliado

“La evidencia científica respalda los beneficios potenciales del ejercicio aeróbico y de fuerza como medida, ya que aportan a mejorar el estado de salud general, adaptándose a las capacidades individuales de los pacientes. Se sugiere solicitar a su médico tratante la derivación a un especialista en materias de ejercicio clínico, como son los kinesiólogos, e incluirlo como un componente necesario en el diario vivir, especialmente en la fase inicial de la enfermedad, y ante un comportamiento más avanzado en conjunto con la terapia antirretroviral. El ejercicio, además, sirve como un gran apoyo durante la etapa paliativa para la persona”, señaló.

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Acuña sostuvo que, entre los beneficios del ejercicio aeróbico cuando se padece el virus, se encuentran el aumento de masa corporal magra, lo que beneficia la calidad del tejido muscular y óseo; la reducción del tejido adiposo, que contrarresta la lipodistrofia que pueden surgir debido al uso prolongado de antirretrovirales; las mejores al inmunometabolismo, y la reducción de riesgos cardiovasculares en el curso crónico de la enfermedad.

“Es importante resaltar que la combinación de ejercicio aeróbico y de fuerza puede ser especialmente efectiva. Esta sinergia no solo contribuye al aumento beneficioso del peso corporal y de la fuerza muscular, sino que también a la psiconeuroinmunología”, añadió Sergio Acuña, recalcando que es importante abordar la enfermedad desde múltiples perspectivas, incluyendo examen preventivo, nutrición, ejercicio físico, que pueden desempeñar un papel significativo en la mejora de la calidad de vida de quienes viven con VIH/Sida.

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