Dr. Lorenzo Reyes Bozo

Director de Investigación, Universidad Central de Chile

Lorenzo Reyes Bozo Director de Investigación, Universidad Central de Chile

Para nadie es un misterio que el superciclo del cobre concluyó y, quizás, no tendremos en el corto y mediano plazo una bonanza similar a aquellos años (periodo 2003 – 2011). En qué se tradujo este superciclo: primero, en grandes ingresos para el país y, en particular, para aquellas regiones mineras. Es incuestionable el aporte al PIB nacional y regional asociado a la explotación del cobre. Durante el superciclo del cobre, se realizaron grandes inversiones en la industria, los indicadores bursátiles de las compañías mineras se incrementaron, los índices de desempleo bajaron y hubo un alto y sostenido crecimiento económico del país.

Estos buenos resultados, crearon en la conciencia colectiva la errónea percepción de que éramos un país rico y ad-portas de lograr el preciado desarrollo, dejando atrás el subdesarrollo tan característico de los países del cono sur. A la vez, el superciclo mantuvo un tipo de cambio bajo, lo cual, impacto negativamente a los otros sectores exportadores de nuestro país.

Los beneficios y costos asociados al superciclo del cobre, tuvieron claros impactos económicos y sociales, sin embargo, no es evidente el aporte para la propia industria del cobre y, a través de políticas públicas, para el desarrollo y potenciamiento de otros sectores productivos que permitieran mantener los estándares mínimos de crecimiento de nuestro país. Durante el superciclo se hicieron grandes inversiones en exploración y explotación de yacimientos, en adquisición de nuevas tecnologías y automatización de operaciones, en capacitación y perfeccionamiento del capital humano, en programas de seguridad, entre otras. Sin embargo, qué ha quedado para la industria, pues muchos de estos beneficios no son permanentes.

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Por ejemplo, no somos un país que desarrolle tecnologías para la industria del cobre y seguimos dependiendo de la importación de tecnologías y talentos, a pesar de ser el mayor productor de cobre del mundo y con las mayores reservas del metal conocidas a nivel planetario. Asimismo, las capacitaciones al personal no se tradujeron en mayor productividad, lo cual, le resta competitividad a la industria y, hoy en día, es una variable relevante de movilizar ante los bajos precios del metal rojo.

Actualmente, junto a variables estructurales propias de cada yacimiento, con menores leyes del metal, asociaciones mineralógicas cada vez más complejas, presiones ambientales y sociales a los nuevos proyectos y la nula capacidad que tuvo la industria del cobre para prepararse ante el fin del superciclo, es necesario que -en este tiempo de crisis- florezca la creatividad e innovación para dar sustentabilidad a esta industria. ¿Hay alguna evidencia de esto?. La verdad no, pues es de conocimiento público, los despidos masivos realizados por las grandes compañías mineras, incluyendo a la minera estatal. Es más, el foco solo se ha centrado de manera exclusiva en la disminución de costos y se ha presionado a que las mineras privadas tomen esta estrategia para enfrentar la crisis. Esto evidencia una escasa actividad reflexiva, de largo plazo, de quienes diseñan la hoja de ruta de la industria. La toma de decisiones hoy, tendrá consecuencias en los próximos 20 años y un buen plan permitirá que la industria del cobre sea la piedra angular para que -de una vez- se asegure la estirpe de país desarrollado.

Por lo tanto, los nuevos proyectos mineros se deberán diseñar, aprobar e implementar con una mirada de sustentabilidad para el sector. Luego, estos proyectos deberán incorporar en su evaluación, no solo los ejes económicos, sociales y medioambientales, ya que para su aprobación definitiva no bastara con el visto bueno de las autoridades medioambientales, sino que también, la aceptación social para operar. Es necesario que hoy se desarrollen soluciones innovadores que deben dar cuenta de los desafíos futuros de la industria, como son: Costos asociados a la mina y fundición; productividad; agotamiento de los minerales lixiviables que traerá consigo un cambio en la forma de obtención del metal; concentrados cada vez más complejos, que incorporarán elementos indeseados en mayor concentración, como el arsénico; y, estrategias para el uso eficiente de agua y energía, en particular, considerando la incorporación de fuentes renovables no convencionales. El desafío es enorme y, quizás insalvable en las condiciones actuales.

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