Por Juan Bracamonte Becerra

Hace algunos días, para ser claros el 12 de febrero, escribí en mi muro de Facebook, una opinión que generó debate y varios pulgares apuntando hacia arriba, sobre la independencia de Chile, todo en el contexto y significado que tiene en el devenir histórico esta fecha, según los antecedentes que he logrado conocer –dejo claro, no soy historiador, solo lector de cuanto pillo, que se pueda leer – y en esas lecturas sin que aún nadie me diga lo contrario la Independencia de Chile, se juró, firmó y promulgó el 12 de febrero de 1818, en Talca, los penquistas dicen en Concepción, pero el acta que existe en el Museo Histórico Nacional, firmada por el mismísimo Bernardo O’Higgins,  dice que en Talca, leyendo igual, me enteré que en Concepción se redactó días antes, lo que es un mérito no menor y motivo de orgullo, para quienes defienden desde su pertenencia territorial esta  mirada histórica

El tema es dirá usted, entonces ¿Porque celebramos la Independencia de Chile el 18 de septiembre?, me pregunté lo mismo y de nuevo intruseando en la historia me enteré que, ese día en un Cabildo Abierto, convocado por los leales al Rey Fernando VII, apresado por el ejecito de Napoleón Bonaparte, con la asistencia “voluntaria” de 400 criollos, se tenía como intención central, primaria y fundamental jurar fidelidad a la corona española y comprometer todos los esfuerzos en su defensa y junto con ello, comprometer la  absoluta lealtad y obediencia del sometido Reino de Chile, ya que don Napoleón quería instalar como soberano de estas tierras, a su hermano mayor José Bonaparte, José I, conocido entre sus contertulios como “Pepe Botella”, por su afición a los mostos, de buena cepa me imagino. Así la Primera Junta Nacional de Gobierno se constituye no como nosotros la conocemos sino como Junta Provisional Gubernativa del Reino, o sea mientras se normaliza la cosa, (extraño parecido con otra Junta más contemporánea) y aunque estaba integrada por realistas y criollos aristocráticos, su presidente fue Mateo de Toro y Zambrano a la sazón, conde de la Conquista, hombre provecto de casi 83 años, quien fue último gobernador realista en Chile, o sea lo mismo con distinta figura.

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Pero con una mirada objetiva, de un chileno cualquiera, no todo era tan malo ya que por ahí partieron voces emancipadoras, entre ellas, la más importante fruto de la intelectualidad la de Fray Camilo Henríquez, creador del primer periódico independista y objetivo la “Aurora de Chile” quien influenciado por la filosofía francesa, que  pese a las censuras y encarcelamientos remece con sus letras las estructuras de una sociedad dominada.

Pero bueno, en fin, estas palabras y el debate surgido de mi publicación no buscan cambiar la historia, ni arriar la bandera el 18 de septiembre, sino que aportar con verdades para levantar nuevas banderas. Desde mi modesta mirada, Chile es independiente desde 1818, lo de 1810 fue solo una reverencia a la corona española.

Aunque al fin de cuentas prevalece 1810, porque hoy el agua en las sanitarias y la energía eléctrica en Endesa y el snobismo cotidiano y casi vulgar de nuestra existencia de homo chilensis, sigue en manos españolas.

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