Por Fernando Raga, presidente de CORMA

La FAO ha instaurado el 21 de Marzo como el “Día Internacional de los Bosques”, en un esfuerzo por resaltar en el mundo su realidad, a menudo olvidada, poco conocida  y no en pocos casos idealizada o distorsionada.

Destacar el rol de los bosques cobra especial relevancia cuando los seres humanos somos tan dependientes de ellos.  Constituyen muchos ecosistemas donde se conserva el 80% de la  biodiversidad terrestre; ofrecen paisaje y sombra; producen oxígeno y capturan carbono, siendo elementos clave en la mitigación del cambio climático; protegen y recuperan los suelos de la erosión; regulan las cuencas hidrográficas; nos suministran energía; nos proveen de fibras para papel y vestuario, además de numerosos productos químicos; y están presentes en nuestras vidas a través de la madera y sus múltiples productos, desde paletas para helado hasta construcciones. Por ello, deben ser parte importante del futuro si queremos tener futuro nosotros como especie.

Las tasas de deforestación, si bien han disminuido en el mundo, aún son altas: 3 millones de hectáreas al año. Los 7 billones de personas del  mundo usan hoy 3,8 billones de m3 de madera, la mitad para combustible, desde los 4 billones de hectáreas de bosques que hay en el planeta. Según FAO, al 2050 se demandarán 6.0 billones de m3. Bajo esta presión, la única forma de que vastas superficies de bosques del mundo duren para siempre, es producir grandes cantidades de madera con muy poca superficie.

Esto lo logran los árboles de  plantaciones industriales, que utilizan un 30% menos de agua y un 90% menos de tierra que un bosque promedio del mundo  para producir una tonelada de madera. Su rol es frecuentemente  incomprendido y  vilipendiado, pero han hecho posible (y lo harán aún más en el futuro), al igual que la agricultura intensiva,  que muchos millones de hectáreas de bosques  que albergan valiosa biodiversidad  y constituyen hermosos paisajes se conserven y sean parte de nuestro futuro y del de nuestros hijos y nietos.

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El llamado es entonces, luego de los catastróficos incendios que hemos vivido, a plantar árboles. A restaurar los ecosistemas de bosques naturales perdidos y a reponer los árboles  madereros, que además de su rol ya comentado generan valor y trabajo desde suelos sin alternativa agrícola, e incontables productos que mejoran nuestra calidad de vida.  No se puede dividir los árboles o bosques en buenos y malos, todos son buenos y necesarios,  y cumplen un rol clave ambiental, social y económico en el país y en el planeta.

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