Por Leticia Monsalve Escorza

Académica Facultad de Educación, U. Central

Ha pensado usted, ¿qué pasaría si eliminamos las tareas del sistema escolar? Véalo de esta manera, las tareas no son para los padres, son parte de la formación de hábitos para el enriquecimiento de los saberes. Por ejemplo, a los niños desde pequeños les enseñamos que hay que lavarse los dientes todos los días para el cuidado de su salud, ¡eso es hábito! Cuando les decimos que deben dormir un número de horas, ¡eso, también es hábito!. Cuando les decimos que hay que saludar y despedirse respetuosamente, ¡eso es educación!

Entonces, por qué no puede ser hábito el hacer tareas que les van a permitir crecer como personas intelectuales, con argumentos sólidos, capaces de emitir una opinión propia y dialogar con cualquier sujeto de su entorno más inmediato.

Hace unos días atrás el alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín, fue presentado en los medios de comunicación como un héroe, su gran logro fue que en seis colegios de la comuna se eliminaran las tareas, argumentando con ello que “los niños ya están sometidos a una jornada escolar extensa y requieren de un tiempo familiar al llegar a sus casas”.  Se habrá preguntado el alcalde qué tipo de familia en la realidad chilena dedica tiempo a sus hijos, no es acaso la tarea un espacio para compartir ideas y reflexionar respecto de lo que nuestros hijos están aprendiendo.

Padres, les insisto, la tarea no es suya, no se trata de hacer que los hijos cumplan, hacer sus tareas no es lo mismo que apoyarlos y proporcionar herramientas para ello. Nuestra misión es dar responsabilidades a nuestros hijos quienes cada día están más sobreprotegidos e inmersos en la cultura del derecho. ¿Alguna vez usted se enfermó al tener que hacer su cama o hacerse cargo de la alimentación de la o las mascotas de la casa, o de buscar algunas palabras en el diccionario?

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Lamentablemente, hoy los niños no hacen nada de eso, no buscan ni saben buscar palabras, es más fácil preguntar y simplemente reproducir un concepto sin reflexión alguna.

El problema señores no es la tarea, el problema es cómo concebimos a la familia y el rol del padre o la madre, de los hijos y de cada uno de los miembros que están bajo un mismo techo.  Vivimos en un sistema de hacer sin pensar, de producir y reproducir para ser eficientes.

De qué familia se habla si cada uno hace lo suyo, padres agotados del trabajo que no quieren hacer tareas, sólo descansar. Distinto sería si el espacio para la familia estuviese presente en todos los hogares, una hora de almuerzo “imposible”, ni siquiera el domingo porque todos tienen compromisos que hacer. En las tardes los chicos están viendo televisión, jugando en sus consolas o chateando, no se les ocurra pedir que apaguen el celular mientras comen, porque están en su derecho.

No se puede desentender que la tarea también es para los profesores, nuestro rol es proporcionar herramientas para que los niños y niñas las realicen con independencia, no importa que se equivoquen, pues se aprende de los errores, invitemos a los padres a pensar junto a sus hijos, a reflexionar en torno del desafío de aprendizaje que han llevado a casa. La cultura comienza por casa.

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