Profesionales del Complejo Asistencial “Dr. Víctor Ríos Ruiz” manifestaron su preocupación por este tipo de accidentes, los que se incrementan siempre en temporada de verano.

El periodo estival, con sus altas temperaturas, es una época de habitual concurrencia a lugares como ríos, lagos, y piscinas, espacios al aire libre donde bañistas temerarios se exponen a riesgos innecesarios al momento de ingresar al agua, peligrando lesiones por traumatismo craneoencefálico y de la médula espinal.

Los denominados “piqueros” o “clavados” podrían ser un evento devastador e irreversible con consecuencias físicas, psicológicas y socioeconómicas. Esto puede ocurrir durante una inmersión en aguas poco profundas si la persona golpea su cabeza en el fondo del cauce, provocando el colapso de las vértebras que rodean la médula espinal. Si esta última se daña, no puede transmitir impulsos nerviosos hacia y desde el cerebro a los músculos, lo que producirá parálisis tanto de musculatura respiratoria como de las extremidades superiores y/o inferiores, teniendo que requerir conexión prolongada a ventilación mecánica y cuidados intensivos en una UCI.

Y es que “la mayoría de estos accidentes ocurren en lugares que tienen menos de un metro de profundidad, donde el 95% de las víctimas son hombres”, detalló el neurocirujano del Complejo Asistencial ´Dr. Víctor Ríos Ruiz´, Oscar González, quien agregó que “la mitad de las personas que se hospitalizan por esta causa requieren una intervención quirúrgica.

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De acuerdo a la casuística que maneja el CAVRR, el 50% de las personas que se hospitalizan por lesiones graves a raíz de un piquero lo hacen en estado etílico, tal como lo confirmó el kinesiólogo Claudio Torres, jefe del Centro de Costo de Medicina Física y Rehabilitación, quien recordó que “tenemos historias bastantes repetidas, por ejemplo, en los Saltos del Laja, y ocurre mucho con personas que están bajo los efectos del alcohol, lo que ensombrece el pronóstico clínico”.

El profesional hizo ver que la rehabilitación y pronóstico funcional va a depender del grado de severidad de la lesión, y detalló que este espectro va desde pacientes que a largo plazo podrían recuperar la capacidad de caminar de manera independiente, de forma asistida mediante ayudas técnicas u ortesis, o lamentablemente no volver a realizar marcha y tener que realizar la movilidad mediante una silla de ruedas, con la consecuente adaptación en su calidad de vida.

En situaciones aún más extremas, hay quienes han perdido la vida. De hecho, en lo que va de la temporada, se han atendido tres casos por eventos asociados a piqueros en el Complejo Asistencial, de los cuales una persona falleció, y los otros dos resultaron con lesiones graves, puntualizó el doctor González.

PELIGRO PARA MENORES

En cuanto a los niños y niñas, lo más frecuente son accidentes por inmersión, tanto en piscinas como en fuentes o similares que contengan agua. Así lo hizo ver el cirujano infantil del CAVRR, Claudio Caballero, quien enfatizó que la prevención es clave a la hora de evitar este tipo de situaciones que podrían derivar en un desenlace fatal.

“Cuando tenemos una piscina con niños pequeños, siempre es necesario contar con una reja, que mida al menos 120 centímetros de alto, y cuya puerta cuente con seguro. Siempre hay que estar alerta, y cuando estén en ese espacio deben ser vigilados. Evitar el uso de rodados o juguetes grandes cerca del agua, ya que pueden tropezarse y caerse”, precisó el especialista.

Junto con ello recomendó que los menores puedan, más que acceder a un curso para aprender a nadar, adquirir la habilidad de flotar, lo que en caso de emergencia les permitirá permanecer a salvo a la espera de la llegada de un adulto. En cuando a padres y/o cuidadores, Caballero aconsejó tener conocimientos de maniobra RCP básico.

RECOMENDACIONES

Para evitar que este tipo de accidentes sucedan, el equipo de profesionales del hospital angelino instó a padres, profesores, guías de campamentos o centros turísticos, y entrenadores, a inculcar a los jóvenes los peligros de practicar piqueros en zonas poco seguras. Se recomienda que esta práctica se realice en aguas que tengan al menos 3 metros de profundidad. Junto con ello, entregaron los siguientes consejos:

–              Siempre verifique la profundidad del agua antes de bañarse y busque obstáculos. Evite zambullirse en agua que tenga menos de 3 metros de profundidad.

–              Si no está seguro de la profundidad del agua, entre lentamente, con los pies primero.

–              Nunca se sumerja en aguas turbias.

–              No olvide que los lagos y estanques suelen tener obstáculos sumergidos como rocas, bancos de arena y ramas de árboles que no son visibles desde arriba de la superficie.

–              ¡No bebas y te bañes o practiques piqueros! Si bebes alcohol, es mejor no sumergirse en el agua.

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